Callarán las olas de este mar grande
de este mar de voces torturadas;
sitiada la ciudad bajo el asedio
derrama su sangre sin sentido.
La música de obuses ya se expande
dejando techumbres horadadas,
los cielos ya descienden sobre el medio
morir de este tiempo derruido.
Henos aquí, a merced de la maldad,
negra sombra que obscurece el día,
los años eternos de la sinrazón,
No mataron ideas, sí el corazón,
truncas infancias, la cruel porfía:
No están lejos, Sarajevo ni Bagdad.