Cantera Carcomida (6)
Donde el amor
moró y tuvo reino
queda ya sólo
un muro que avasalla la hierba.
Queda
una hoja de papel no en blanco
donde
está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
Donde goteaba luceros una noche
sobre
unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo
queda una brisa sin destino.
Donde
una mujer fundara un beso,
sólo
árboles postrados al invierno
JOSÉ CARLOS BECERRA
1
Al borde del kiliasmo,(7)
en el 'Ombligo de la Luna',
viento suave
sombra aún,
madrugada
que se embebe desvelada
por las obscuras calles
las sucias aceras
y sus charcos añejos;
jorobada
maltrecha
ciudad
sin mansedumbre
hija del escarnio
y las inundaciones de agosto
madre
del horror
y la escaramuza callejera;
en ti confluyen las esperanzas,
los sueños desmoronados
y los amigos en el reencuentro
después de vagar siglos
en todas y ninguna parte.
Amado bullicio
de noches, y de días
muerte lenta que me ocupa
desde mis pupilas dilatadas
hasta los pies que la recorren;
desde los pliegues nevados,
hasta las puestas de sol;
oquedad amarga
angustia metafísica
eregida
ladrillo
tras ladrillo
siempre más allá
hacinada
inconclusa siempre.
Anónima
mi voz entre los miles
se disipa también
en esta página de tiempo,
espacio de siglos sangrantes:
Plaza de la Constitución,
torres a punto de caer,
catedral de los sentidos,
arbóreas ausencias
y filigrana en su derrumbe
visiones, presencias: Aire
¿Es niebla esta bruma?
Sábana intoxicada del insomnio,
noches que subyacen en sopor
bajo su infranqueable
escudo antiestrellas.
Respiro, progreso y desarrollo
enrarecido aire
de los nuevos tiempos
acumulamiento de plomo
mientras camino
ante las atareadas oficinas,
insignes sesteaderos
del trámite baladí,
y junto al organillero
de música olvidada
en este sin descanso
instante matinal.
Todo se revuelve y se confunde
lapso del colapso,
tremolinos de gente y
desventuras;
voy hacia ninguna parte
el mismo lugar de todos los
días.
Decir la vista, decir lo visto
decir la uña, decir la peña,
palabra hueso, palabra cráneo,
palabra muerte.
La palabra es dos: como se dice,
y como se entiende,
la palabra es origen y fin,
fuente que se derrama
en esta ciudad de fuentes secas,
e hilo que entreteje
el telar del diálogo humano;
más, que colectiva
soledad de transeúntes
al punto del abismo
en un paso peatonal,
confluencia de todos los
hombres.
Al filo del instante
el ser cae y se levanta,
no es ya lo que fue, no es lo
que será,
no acaba de ser lo que ahora es;
esta ciudad que somos
no acaba aún de construirse,
es la suma eterna del asfalto,
la sin fin adición de
materiales,
la incisión constante en el
terreno
y la trama de varillas en espera
de la lluvia oxidante del
verano,
en espera de la noche,
alfombra nocturna
de oro rutilante
que
se ondula
en poblados lomeríos
como olas congeladas
olas de concreto
olas que persisten en ir y venir
de la noche a la mañana
en un mar anegado en sí mismo,
olas en un mar inexistente
olas de un lago seco
olas
ciudad
olas.
6 Para el Concurso Interpolitécnico de
poesía de 1992 participaron los poemas 1, 2, y 3-4 de Cantera Carcomida, y de
este concurso obtuve el segundo lugar, fue primer lugar, Selene Romero Bugarin.
De la ESCA Santo Tomás y tercer lugar para Miguel Palma González compañero mío
de la Escuela Superior de Turismo. En 1993 no se llevó a cabo el certamen anual
y en 1994 con los poemas 5, 6 (Raíz Cósmica) y 10 de este poemario, repetí el
segundo lugar, siendo el primer lugar para un bachiller de la vocacional Luis
Enrique Erro.
7 Para aquellos que tengan duda: el kiliasmo fue ese periodo de
transición de un milenio a otro, es decir, 1999-2000 o 2000-2001
No hay comentarios:
Publicar un comentario