Noche:
más que noche, madrugada;
unos niños acróbatas
han encendido una fogata
con un libro de poemas.
Un sollozo constante
se pierde entre las sombras,
niños abandonados
tras
el asesinato pasional;
esto ciudad, es tu imagen,
la miseria de cada día,
el
frío de cada noche,
los trovadores ambulantes
los
crápulas noctámbulos,
los arciprestes perdidos
y
las señoras ricas
que gastan la fortuna
de sus impotentes maridos.
Ciudad:
no hay salida ni progreso,
hay consumo,
enfermos
rascacielos
y condominios dormitorio,
bargueños
barrenados
por polillas fotofóbicas;
hay, este hormigueo humano
incesable
amores y odios
marcesibles.
Hay
este
ser colectivo,
este monstruo democratico,
estas
fauces de hierro;
este
morir
este
andar repetitivo,
vuelta del reo a su celda;
esta
bruma,
pesadez del mediodía
un
volver a nacer
para disiparse.
Ciclos
y todo esto desde aquí,
vigésimo
piso
en la tarde encaminada
altura
sobre altura
sol que ya se pierde
nubes
que se quiebran
fabricando espejos
charcos
en que se miran los niños;
a sus ojos
los
edificios no son
sino carabelas
embarcaciones de cristal
encalladas
en
el lecho seco del lago:
su tripulación
son
los náufragos
de todos los días
los
sin arraigo
hombres y mujeres
que
han venido de muy lejos,
porque
¡Qué raíces le han quedado
a esta ciudad
estrangulada por sí misma?
Perdimos las reliquias
esenciales,
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