Discurren las ideas
luz
de instante
a un paso
de la acción, cerca.
Chispa
que en la materia enciende
quema
costras, abre llagas
consume viejas creencias.
Del azul
al amarillo
pluma
que ante esa luz navega
Se
exprime el tiempo, devenir,
Ahora, ya
no, hace un momento,
la misma
esencia
no la misma luz.
Afuera
el ladrón del silencio
Adentro
las sombras se concentran
sus uñas
se rasgan a sí mismas sin romperse
Permanece la grieta en la pared,
es el tiempo que azota árboles
de insomnio a la hora de nadie
La
noche columpio del sueño
La
noche columpio del sueño
Espumas
de la noche
en
la atalaya citadina
donde
rondan fantasmas
invasores
del cuerpo de don nadie
de don
alguien
que llega
a ningún lado
quien advierte que basta un
segundo
o mil fracciones menores
para perder lo más amado en el
viento de la noche,
para ser arrastrado como polvo,
que a capricho de gusanos
nos vuelve simples sueños de
dioses que nunca existieron,
Y fenecemos
y de fe nacemos
o con fe necios somos
y
en andamios andamos
caminando obstinados
junto
al abismal destino,
como cosecha plagada de alimañas
ante
la sádica violencia del deleite
nocturna violación de la flor
cerrada
noche que no devora el odio
entre los hombres
torres de Babel en eterna
discusión.
Los fantasmas de la noche
invaden
un cuerpo, ¿qué cuerpo?, ¿quién cuerpo?
el silencio se expande a la
enésima potencia
su
peso es el peso del mundo.
La altura del vacío alumbrado
por la vela
nada
es, sino la materia,
proyección de nubes que cubren a
la luna.
Nada sino espíritus hundidos en
súbito silencio
que
con alarido inaudible a la misma nada
escandalizan
Silencio roto
por
pasos ataconados
en el obscuro pasillo
silencio
roto
La soledad ríe.
Nada
sino silencio que nos calla con sus palabras
Silenciosas.
Luego la lluvia
erosiona cerros
moja
pájaros
baña árboles, repicotea en el paraguas de un
triste
caminante.
A la luz de una vela, todo se transfigura
la
parafina crea estalactitas en su costado,
estalactitas de tiempo seco,
tiempo
muerto.
Las sombras juegan, aúllan en silencio ansiosas de
luz.
La noche de hielo
es
odio citadino congelado
es
tedio total y obscuro.
Tláloc sigue jugando a vertirse desde las nubes
Tláloc sigue buscando placer sobre las calles.
más tarde se perderá en un laberinto de cloacas.
El
reloj encadenado marca y marca
su muerte es de alarma.
Grafito
sobre papel las sombras.
Fornicando la noche, absorbe, se atraganta la
troglodita,
eructa, se indigesta, vomita formas difusas.
Los sonidos se acrecientan
el
silencio aturde y lastima
una gotera, estruendo que mata.
Luego:
presencia.
Estamos. Perdón. No estamos pero estamos.
Quiénes somos Quiénes
no somos
Yo soy quien no es, eres quien no soy y no eres
Este es un poema, un proyecto de poema,
éste no es un poema, son palabras, viento, nada.
La telaraña, el gato te araña y quedas atrapado
te pierdes en un encuentro, te encuentras perdido.
Alguien te hace disección sin anestesia y no mueres;
y lo peor es que no mueres, y el dolor te consume,
debilita.
Y ese alguien que te separó te vuelve a unir
pero el alma te queda deforme:
ahora eres dos, siempre dos en el viento de la
noche.
Esa noche que penetra y crece
dentro de ti;
se desarrolla, se desenrrolla
anaconda al acecho. La pluma
huye, no cesa.
¿Quién escribe?…Nadie.
alguien
llamado nadie
perdido entre cinco mil millones de nadies.
Noche:
caracol sin fondo.
Los gallos cantan
Alguien llamado Pedro pide
perdón allá afuera
La noche está cayendo
Está
muriendo, se retuerce de luz,
puñal de siempre en la espalda.
Transcurso
del tiempo
la vela que se acaba
silencio
silencio
Don nadie ya duerme en el sueño en que lo sueñan
soñando
y ahí
en su lecho
solo
es nombre
un etcétera
No hay comentarios:
Publicar un comentario