viernes, 16 de marzo de 2018

NOCTURNO DE UNA VELA QUE EL TIEMPO CONSUME | Los Andamios de la Noche | Carlos Lázaro - LAN 0014


Nocturno de una vela que el tiempo consume




                Discurren las ideas
sombras volátiles en torno al humo de una vela
        luz de instante
que en el vidrio refleja
su inestable manto brumoso
a un paso de la acción, cerca.
        Chispa que en la materia enciende
quema costras, abre llagas
consume viejas creencias.
Del azul al amarillo
        pluma que ante esa luz navega
Se exprime el tiempo, devenir,
Ahora, ya no, hace un momento,
la misma esencia
                no la misma luz.
Afuera
    el ladrón del silencio
Adentro
las sombras se concentran
sus uñas se rasgan a sí mismas sin romperse
Permanece la grieta en la pared,





es el tiempo que azota árboles de insomnio a la hora de nadie
La noche     columpio del sueño
La noche     columpio del sueño
        Espumas de la noche
                                       en la atalaya citadina
        donde rondan fantasmas
invasores del cuerpo de don nadie
de don alguien
que llega a ningún lado          
quien advierte que basta un segundo
o mil fracciones menores
para perder lo más amado en el viento de la noche,
para ser arrastrado como polvo,
que a capricho de gusanos
nos vuelve simples sueños de dioses que nunca existieron,
Y fenecemos
y de fe nacemos
o con fe necios somos
                y en andamios andamos
caminando obstinados
                junto al abismal destino, 
como cosecha plagada de alimañas
                ante la sádica violencia del deleite
nocturna violación de la flor cerrada

noche que no devora el odio entre los hombres
torres de Babel en eterna discusión.

Los fantasmas de la noche
invaden un cuerpo, ¿qué cuerpo?, ¿quién cuerpo?
el silencio se expande a la enésima potencia
        su peso es el peso del mundo.
La altura del vacío alumbrado por la vela
        nada es, sino la materia,
proyección de nubes que cubren a la luna.
Nada sino espíritus hundidos en súbito silencio
                que con alarido inaudible a la misma nada
escandalizan


Silencio roto
                por pasos ataconados
en el obscuro pasillo
                               silencio roto
al chiflar del viento.
                                La soledad ríe.
        Nada sino silencio que nos calla con sus palabras
        Silenciosas.

Luego la lluvia
erosiona cerros
moja pájaros


baña árboles, repicotea en el paraguas de un triste
caminante.


A la luz de una vela, todo se transfigura
        la parafina crea estalactitas en su costado,
estalactitas de tiempo seco,
        tiempo muerto.



Las sombras juegan, aúllan en silencio ansiosas de luz.
La noche de hielo
        es odio citadino congelado
        es tedio total y obscuro.
Tláloc sigue jugando a vertirse desde las nubes
Tláloc sigue buscando placer sobre las calles.
más tarde se perderá en un laberinto de cloacas.
        El reloj encadenado marca y marca
su muerte es de alarma.
        Grafito sobre papel las sombras.
Fornicando la noche, absorbe, se atraganta la troglodita,
eructa, se indigesta, vomita formas difusas.
Los sonidos se acrecientan
        el silencio aturde y lastima
una gotera, estruendo que mata.
                                       Luego: presencia.
Estamos. Perdón. No estamos pero estamos.
Quiénes somos                       Quiénes no somos


Yo soy quien no es,  eres quien no soy y no eres
Este es un poema, un proyecto de poema,
éste no es un poema, son palabras, viento, nada.
La telaraña, el gato te araña y quedas atrapado
te pierdes en un encuentro, te encuentras perdido.
Alguien te hace disección sin anestesia y no mueres;
y lo peor es que no mueres, y el dolor te consume,
debilita.


Y ese alguien que te separó te vuelve a unir
pero el alma te queda deforme:
ahora eres dos, siempre dos en el viento de la noche.


Esa noche que penetra y crece dentro de ti;
se desarrolla, se desenrrolla
anaconda al acecho. La pluma huye, no cesa. 
¿Quién escribe?…Nadie.
        alguien llamado nadie
perdido entre cinco mil millones de nadies.
        Noche: caracol sin fondo.
Los gallos cantan
Alguien llamado Pedro pide perdón allá afuera
La noche está cayendo
        Está muriendo, se retuerce de luz,
puñal de siempre en la espalda.
        Transcurso del tiempo

la vela que se acaba
        silencio
                       silencio
Don nadie ya duerme en el sueño en que lo sueñan soñando
        y ahí en su lecho
                        solo es nombre
un etcétera

        escrito en confusa caligrafía



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