Para don HÉCTOR GARCÍA ROMERO
amigo de siempre.
El
sueño
abre
la roca…
JOSÉ FALCONI
*
Porque dormir es un caer
sin alas hacia el mar
*
En un tiempo sin memoria,
fuera de
la ciudad torcida,
en la realidad de otra realidad,
en la otra parte de la vida,
el la parte que se esfuma
como nube
impercibida,
errando por esos senderos,
uno de mis fantasmas y yo
caminábamos sobre los rieles,
soñando a nuestro andar,
imágenes huidizas
en un desfile de siglos,
donde recuerdos se transforman,
más nunca se pierden.
Era fuerte el viento, ¡sopla
aún!
despiadado cuchillo de
obsidiana,
árboles cabellos que se doblan
viento, voz entrando por la
ventana,
voz, lamento del principio,
voz, tejida de palabras,
se quiebra a la entrada de la
noche
se expande en ideas liberadas.
Mi curiosidad incontrolable,
los pensamientos sin freno,
se fugan, se van lejos, se
marchan
al encuentro de un rincón
infinito
en el seno nutridor de la
madrugada.
Era fuerte el viento, ¡sopla
aun!
en edades de siglos aparte,
vueltas polvo hasta sus raíces
cual espejo roto, pulverizado.
El sueño se nos fue de las manos
subconsciente visitado,
un pueblo en aparente olvido.
Un carro de camotes
silbaba a la distancia,
la noche en claro-obscuro
se tendió como puente inefable
y nos capturó en su vientre
de ecos glaciales.
Sobre el páramo, una piedra
aguarda sin saber lo que
aguarda,
la luz no aparece.
Mi piel petrificada
se vuelve repentinamente agua
y fluye con el sueño, fluye…
¡Soñar es descubrir el propio
rostro!
es llegar a un muro
de preguntas ariscas, preguntas:
¿Por qué vago sin remedio
al dormir sobre las inmóviles
almohadas?
¿De qué tesitura provienen esas
voces
que plegadas a un recuerdo
llaman?
¿Me asomo a mí para unirme o
dispersarme?
¡No hay diferencia viento!
nuestro sueño es otra madrugada,
otro sueño en nuestro sueño,
presentimiento de muerte con
mortaja.
Sueño, este pueblo y mi
fantasma,
otro sueño en nuestro sueño,
presentimiento de muerte con
mortaja.
Sueño este pueblo y mi fantasma,
reflejos de mis temores,
símbolos súbitos,
anhelos intactos, angustiosos,
reprimidos en tiránica bruma,
la maledicencia, el odio, el
rencor.
Dejemos el pueblo, sus calles,
sus arquitecturas, muros de cal,
ventanas horizontales
mezcla anárquica de estilos.
Dejemos a sus huérfanos
hambrientos,
a sus ciegos mendicantes,
y a sus ancianitas
que rezan frente al altar
barroco.
El tiempo no deja de girar
y mira, la mente se vuelve
llama,
espejo en el estanque,
hojas que arrastra el viento.
La mente recrea lo deseado,
el sueño inventa otra vida,
va más allá
y encuentra manantiales
donde bebe lucidez, la duda.
El pueblo callado, ruina sin
pulso
la luna colgada de un árbol,
poetas colgados de las nubes,
la montaña cortejando a las
estrellas,
y unos perros ladrándole a su
sombra,
espectro forjado por ellos
mismos,
todo es y no, todo congregado,
reunido en este espacio sin
tiempo, ni fondo.
Todo se va, leteo incesante:
pavo-reales dormidos
lechuzas despiertas
niños sonámbulos
que juegan fútbol
en una calle lodosa.
Todos desaparecen
se esfuman ante mis ojos
cerrados,
mis ojos que miran mis sueños
conformes con dejarse llevar por
la marea;
Mi fantasma y yo
caminamos sin pronunciar
palabra,
sobre sueños de mutismo,
sobre rieles, hacia lejanías,
hacia lejanías
Nunca dejamos de ver
no hay fronteras en este
espacio,
la conciencia es un campo
infinito
donde la imaginación rezuma
frutos;
cautivo sí, si más bien
cautivado
por los hechizos de la noche
no pido mi regreso.
Mejor será visitar otros pueblos
Ver otros rostros, abordar otros
trenes,
Será mejor este devenir
instantáneo:
sueño, marea, sueño, marea.
Lívida luz la lejanía, amanece,
he ido un poco más allá
estoy despierto
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