viernes, 16 de marzo de 2018

REVELACIONES DE UN SUEÑO | Los Andamios de la Noche | Carlos Lázaro - LAN 0018





R e v e l a c i o n e s   d e   u n   s u e ñ o



                Para don HÉCTOR GARCÍA ROMERO
                               amigo de siempre.


                                               El sueño
                                               abre la roca…

                                               JOSÉ FALCONI

*


Porque dormir es un caer
sin alas hacia el mar





*

En un tiempo sin memoria,
fuera de la ciudad torcida,
en la realidad de otra realidad,
en la otra parte de la vida,



el la parte que se esfuma
como nube impercibida,
errando por esos senderos,
uno de mis fantasmas y yo
caminábamos sobre los rieles,
soñando a nuestro andar,
imágenes huidizas
en un desfile de siglos,
donde recuerdos se transforman,
más nunca se pierden.


Era fuerte el viento, ¡sopla aún!
despiadado cuchillo de obsidiana,
árboles cabellos que se doblan
viento, voz entrando por la ventana,
voz, lamento del principio,
voz, tejida de palabras,
se quiebra a la entrada de la noche
se expande en ideas liberadas.
Mi curiosidad incontrolable,
los pensamientos sin freno,
se fugan, se van lejos, se marchan
al encuentro de un rincón infinito
en el seno nutridor de la madrugada.
Era fuerte el viento, ¡sopla aun!
en edades de siglos aparte,




vueltas polvo hasta sus raíces
cual espejo roto, pulverizado.
El sueño se nos fue de las manos
subconsciente visitado,
un pueblo en aparente olvido.
Un carro de camotes
silbaba a la distancia,
la noche en claro-obscuro
se tendió como puente inefable
y nos capturó en su vientre
de ecos glaciales.
Sobre el páramo, una piedra
aguarda sin saber lo que aguarda,
la luz no aparece.
Mi piel petrificada
se vuelve repentinamente agua
y fluye con el sueño, fluye…
¡Soñar es descubrir el propio rostro!
es llegar a un muro
de preguntas ariscas, preguntas:
¿Por qué vago sin remedio
al dormir sobre las inmóviles almohadas?
¿De qué tesitura provienen esas voces
que plegadas a un recuerdo llaman?
¿Me asomo a mí para unirme o dispersarme?
¡No hay diferencia viento!




nuestro sueño es otra madrugada,
otro sueño en nuestro sueño,
presentimiento de muerte con mortaja.

Sueño, este pueblo y mi fantasma,
otro sueño en nuestro sueño,
presentimiento de muerte con mortaja.

Sueño este pueblo y mi fantasma,
reflejos de mis temores,
símbolos súbitos,
anhelos intactos, angustiosos,
reprimidos en tiránica bruma,
la maledicencia, el odio, el rencor.
Dejemos el pueblo, sus calles,
sus arquitecturas, muros de cal,
ventanas horizontales
mezcla anárquica de estilos.
Dejemos a sus huérfanos hambrientos,
a sus ciegos mendicantes,
y a sus ancianitas
que rezan frente al altar barroco.

El tiempo no deja de girar
y mira, la mente se vuelve llama,
espejo en el estanque,
hojas que arrastra el viento.

La mente recrea lo deseado,
el sueño inventa otra vida,


va más allá
y encuentra manantiales
donde bebe lucidez, la duda.
El pueblo callado, ruina sin pulso
la luna colgada de un árbol,
poetas colgados de las nubes,
la montaña cortejando a las estrellas,
y unos perros ladrándole a su sombra,
espectro forjado por ellos mismos,
todo es y no, todo congregado,
reunido en este espacio sin tiempo, ni fondo.
Todo se va, leteo incesante:
pavo-reales dormidos
lechuzas despiertas
niños sonámbulos
que juegan fútbol
en una calle lodosa.
Todos desaparecen
se esfuman ante mis ojos cerrados,
mis ojos que miran mis sueños
conformes con dejarse llevar por la marea;
Mi fantasma y yo
caminamos sin pronunciar palabra,
sobre sueños de mutismo,
sobre rieles, hacia lejanías, hacia lejanías




Nunca dejamos de ver
no hay fronteras en este espacio,
la conciencia es un campo infinito
donde la imaginación rezuma frutos;
cautivo sí, si más bien cautivado
por los hechizos de la noche
no pido mi regreso.

Mejor será visitar otros pueblos
Ver otros rostros, abordar otros trenes,
Será mejor este devenir instantáneo:
sueño, marea, sueño, marea.
Lívida luz la lejanía, amanece,
he ido un poco más allá
estoy despierto
en el camino hacia la muerte.


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