L e c t u r a N o c t u r n a
Ya sé que la luna es un desierto de soledad blanca
ELÍAS NANDINO
Trepado
en el árbol de la noche (5)
miro el estallido de la luna
el árbol creciendo con paciencia
inscribe en sus aros cada
instante
sus raíces profundas llegan al
agua
milenaria vida llena sus hojas
la cigarra canta sus rondas
un búho me mira agita sus alas
presto vigila y cambia de rama
la luna conversa con el árbol
playa blanca página de insomnio
te derramas luz sobre las ramas
te derramas luz sobre las hojas
te derramas luz sobre mi frente
Estoy trepado en la noche del
árbol
la luna mira mi estallido;
instantes inscribe en cada aro
con paciencia el árbol que
crece,
dentro de mí, un árbol de noche
hecho con las palabras de los
muertos,
cada hoja narración de un suceso
móvil vida, viento y movimiento;
nocturno árbol de la noche del
árbol
en que trepo cada noche
encantado
hijo del tiempo, tiempo mismo,
de la noche habitante pasmado,
adorador del agua y la luz,
parpadeo, goteo, mirada que es
agua,
leo, releo, velero en el viento,
leo, releo, en la noche de
ultranza.
Agua profunda llega a las raíces
las hojas se llenan de vida
milenaria,
en sus rondas cantan las
cigarras
miro al búho y hago ruidos
muevo las hojas, mis ojos
brillan,
el búho se deja arrancar una
pluma
escribo sobre aloja:
signos-acción
palabras no disueltas,
moviéndose
en mí, como un agua fantástica,
que se desenvuelven y desdoblan
como aves de amanecer claro,
como el tiempo vivido de verdad,
palabras de la noche escritas
semillas plenas para otro árbol,
ideas-eslabón para otros libros
sangre en mis venas, savia en el
árbol.
Presto vigilo y cambio de rama
el árbol, sólo el árbol yla luna
espacio espacio taladra la luna
página blanca, playa de
insomnio;
y que noche más noche que esta
luna
y qué árbol más árbol de
estrellas
catarata colmada de letras,
brillantes palabras que el
hombre mira,
imaginarios tatuajes constelados
que dibujan el infinito
universo de formas y sonidos
como forma y sentimiento
donde los hombres jugamos a ser
sucesivos niños efímeros,
ladrones de fruta en los árboles
latentes de vida, espíritus.
Cuento de queso y perla, gran
ficción,
ramas derramadas sobre la luz,
hojas donde la luz se derrama,
mi frente sobre las ramas de
luz.
Árbol donde trepo cada noche
arbol que me da todas las frutas
todas: las dulces venenosas.
Árbol por donde miro a la luna,
lámpara que me deja leer las
hojas
lámpara que me deja usar la
noche;
no necesito más que al árbol
y esa luna blancapiel,
y la compañía de un búho que me
mira
y saber que otros hombres
por la noche se trepan en su
árbol
para alumbrarse con su luna.
4 Los Andamios de la Noche, está
indisolublemente ligado a la actividad de los talleres de creación literaria
del I.P.N. donde Rafaél Peláez se desempeñaba como profesor en varias escuelas
entre ellas la EST – Escuela Superior de Turismo. Reconozco en Rafael a un gran
motivador y difusor desenfadado de una gran cantidad de temas que hacían de
mucho interés su taller y que a la postre lograron conjugar una generación de
escritores jóvenes de valía entre (1989 y 1995) y que tienen su raíz en los
talleres de Rafaél Peláez, debo mencionar a Raúl Eduardo González, Miguel Palma
González, Ángel Carlos Sánchez, Lourdes Piedragil y Heriberto Reyes Fortis
entre otros, y quienes más allá de su carrera han destinado parte de sus
esfuerzos a la labor literaria o de difusión cultural, dentro y fuera del
Politécnico.
5 En
Octubre 1991 `Lectura Nocturna’ junto con los poemas `La noche tiene sed
de luz ´ y ` Una frase incompleta ´ participaron en el Concurso
Interpolitécnico de Poesía del que obtuve el 1er lugar. Segundo lugar para Raúl Eduardo González
compañero mío de la Superior de Turismo.
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